La muda de piel

fractal-4

Nada nuevo bajo el sol. Se logró hace algo más de 2.000 años y  se repite fórmula con éxito igualmente expansivo: cambiarlo todo para que nada cambie. El Gatopardo dixit.

De ahí la exacerbada y orquestada proliferación de tanto gurú en inteligencia emocional, experto en coaching, mindfulness, transpersonalidad, gestión espiritual oriental y occidental, psicólogo charlatán… Vivimos en la era de la psicopolítica, ya lo dice Byung- Chul Hanla era de la obediencia absoluta a todo lo aireado con empacho, de forma que el individuo se crea artífice de su libérrima toma de decisiones cuando sigue siendo el mismo esclavo de siempre. En fin,  que viendo agotada la fórmula politico-espiritualista para embaucar con lo ya conocido, se modifica para que… todo quede igual que estaba. Y los humanos, tan necesitados siempre de enaltecer  ego (mediante calco de un dios o convencidos de alcanzar toda meta) se postran genuflexos. Aunque contradicción e incoherencia, hablando de establecer credos,  sean las constantes del discurso.

Lo antedicho y  siguiente explican el título de esta entrada,  Cambio de piel.  Para concretar: Jesús de Nazaret, figura en torno a la que se crean y fundan cristianismo y catolicismo, no posee presencia histórica, sólo fue un personaje conceptual, razón por la que también forma parte de esa elaboración dogmática, hecha posteriormente y en contextos de luchas de poder (marcado en negrita lo copiado del texto  adjunto más abajo:  aporía irreconciliable para quien desea, como la autora del mismo, conducirse por una inmortal y nada  novedosa iluminación salvífica).

Como observación de peso: se asiste nuevamente, y en directo, a una entrega de sincretismo religioso sin necesidad de acudir a la historiografía. Léase sino el asombroso texto que sigue, sumamente esclarecedor de la actual corriente que yo denomino  digo-lo-que-decía, pero-lo-cambio-todo-para-que-parezca-nuevo, adoptado en  lo religioso. Y también en lo laico:

Los dogmas del Catolicismo, la religión en la que nací, ya no me dicen nada. Las tradiciones y creencias del Cristianismo, tal como las aprendí, me parecen cada vez más ajenas. Son respuestas. Y ante el misterio del mundo yo tengo cada vez más preguntas.

Sentimientos parecidos a los míos los descubro en mucha otra gente, sobre todo jóvenes, sobre todo mujeres, que no niegan a Dios, pero que buscan una espiritualidad que alimente de verdad el sentido de sus vidas. Y en busca de ese tesoro, donde poner su corazón, toman distancia, se apartan, revisan, hasta rechazan, la religión aprendida.

¿Qué nos pasa? ¿Qué me ha pasado? Que he crecido, que he leído, que he buscado, que vivimos en un mundo radicalmente diferente al mundo tribal, rural, pre-moderno, en el que se fraguaron los ritos, dogmas, creencias, jerarquías y tradiciones de mi religión. El sistema religioso que nos han enseñado habla de un concepto anticuado del mundo. Ya no podemos caminar con esos “zapatos”, ya no me sirven.

Sabiendo, como sé, que el Cristianismo en todas sus versiones (católicos, protestantes, evangélicos, ortodoxos…) es una religión poderosa, pero una más entre tantas que existen y han existido en el planeta y en la historia, ya no puedo creer que la mía es la religión verdadera. Sería una insensatez tan mayúscula como creer que mi lengua materna, el español, es entre todas las lenguas, la mejor solo porque nací en ella, es la que conozco y la que sé hablar.

Encuentro arrogantes los postulados religiosos que aprendí. Porque se presentan absolutos, rígidos, infalibles, incuestionables, inmutables e impenetrables al paso del tiempo. Y la humildad –que tiene la misma raíz, que humanidad, humus– me parece un caminito esencial ante el misterio del mundo, que ni la ciencia ni ninguna religión logra desentrañar cabalmente.

Sabiendo, como sé, las riquezas que encierran las variadísimas culturas humanas, los tantos mundos que hay en este mundo, no puedo creer que en mi religión y en la Biblia esté “la” revelación de esa Realidad Última que es Dios. Si así lo creyera, no podría evitar ser soberbia. Y no podría dialogar de igual a igual con los miles y miles y miles de hombres y mujeres que no lo creen así, que tienen otros libros sagrados, que van a Dios por otros caminos en donde no hay escrituras santas que venerar y seguir.

¿Cómo creer en ese galimatías dogmático, amalgamado con una filosofía superada, que afirma que en Dios hay tres personas distintas con una única naturaleza y que Jesús es la segunda persona de esas tres, pero con dos naturalezas? ¿Cómo creer lo que es absurdo y no entiendo si mi cerebro es la obra maestra de la Vida? ¿Cómo creer que María de Nazaret es Madre de Dios si Dios es Madre? ¿Cómo creer en la virginidad de María sin asumir lo que ese dogma expresa de rechazo a la sexualidad y a la sexualidad de las mujeres? ¿Cómo aceptar una religión tan masculinizada y, por tanto, tan separada de aquella primera intuición que presentía a Dios en femenino al ver el poder del cuerpo de la mujer que daba vida? ¿Cómo olvidarnos de que, por esa experiencia vital, Dios “nació mujer” en la mente de la humanidad?

¿Cómo creer en el infierno sin convertir a Dios en un tirano torturador como los Pinochet o los Somoza? ¿Cómo creer en el pecado original, que nunca nadie cometió en ningún lugar, que es solamente el mito con que el pueblo hebreo explicó el origen del mal en el mundo? ¿Cómo creer que Jesús nos salvó de ese pecado si esa doctrina no es de Jesús de Nazaret sino de Pablo de Tarso? ¿Cómo creer que Dios necesitaba de la muerte de Jesús para lavar ese pecado? Jesús el profeta, ¿un cordero propiciatorio que aplaca con sangre la cólera divina? ¿Cómo creer que Jesús nos salvó muriendo, cuando lo que nos puede “salvar” del sinsentido es que nos enseñó a vivir? ¿Cómo creer que como el cuerpo de Jesús y bebo su sangre, reduciendo así la Eucaristía a un rito materialista, mágico y evocador de sacrificios arcaicos y sangrientos que Jesús rechazó?

Sin embargo, dejando ya en mi camino tantas creencias de la religión aprendida, no dejo a Jesús de Nazaret. Porque, así como mi padre, mi madre y mis hermanos son mis referentes afectivos, y así como pienso, hablo y escribo en español y esa lengua es mi referente cultural, Jesús de Nazaret es mi referente religioso y espiritual, mi referente ético, el que me es más familiar para tantear el camino que me abre al misterio del mundo. 

Hoy, sabiendo, como sé, de la majestad inabarcable del Universo en el que vivimos, con sus miles de millones de galaxias, no puedo creer que Jesús de Nazaret sea la única y definitiva encarnación de esa Energía Primera que es Dios. Eso no lo creyó Jesús. Esa elaboración dogmática, hecha posteriormente y en contextos de luchas de poder, escandalizaría a Jesús. Hoy, en vez de afirmar “creo que Jesús es Dios”, prefiero decirme y decir: “Quiero creer en Dios como creyó Jesús(María López Vigil, periodista y escritora. Redactora Jefe de la Revista Envío, de la Universidad Centroamericana (UCA). Nicaragua).

Hay sociólogos (J. Rifkin)  que manifiestan su firme creencia en una humanidad, la nuestra, que empezó a dejar el neolítico a partir de la Revolución Industrial.  Será por eso que aún  queda lejos el kantiano Sapere aude. Aunque también el filósofo alemán se traicionara a sí mismo intentado alcanzar la razón pura para defender  finalmente que la moral es deudora del cristianismo: mucho ruido metafísico y pocas nueces epistemológicas. Como siempre.

La palabra “Sol”

sol-tierra

Varios días barajando  temas para escribir en este blog, al que nunca dedico el tiempo que quisiera, cuando llega a mis manos por azar la imagen del sello de la Compañía de Jesús. Casi con  seguridad que la habré visto muchas veces a lo largo de mi vida, pero es la primera vez que la miro detenidamente y observo que el centro de la misma lo preside ¡el sol!  También ellos, tan intelectuales siempre (o quizás por eso),  acuden al mito por excelencia para dar visibilidad gráfica a su orden. Y, nunca mejor dicho,  se me hizo  la luz  para compartir estos breves apuntes, casi pensamientos en voz alta.

En los meses de diciembre y enero occidente celebra grandes fiestas en honor al sol recién nacido. Lo mismo que viene haciendo la humanidad desde que se asombrara  con el pienso que pienso porque estoy pensando que pienso y empezara su desarrollo cultural. Desde entonces, el metafórico culto solar, como señor y dador de vida,  está detrás de  principios religiosos,  culturales y festivos a lo largo de un año o recorrido cíclico de la naturaleza.

¿Por qué seguimos repitiéndolo?  Porque continuamos atrapados en el mismo arrobo de desconocimiento que nuestros primitivos antepasados. Nada se sabe, en esencia y con certeza, del origen de la vida. Somos tan crédulamente ignorantes los humanos, aunque en cada época se piense de forma fatua que todo lo conocemos, que aún necesitamos  mitos y ritos para liberarnos de la insoportable letanía de lo cotidianamente absurdo, por incomprendido.  Como decía Campbell, durante el tiempo feriado se olvida lo inexplicado de la existencia (que es todo) para entrar en el mito que todo lo explica, ordena  y ubica; única forma de volver fortalecidos a la insustancial rutina sin enloquecer con ella.

Pero se da una curiosa paradoja:  la palabra, creadora de la  realidad que ella misma elabora, nunca remite a la realidad verdadera. ¿Difícil de entender? Quizá acudiendo a Nietzsche se aclaré: ¿Qué es una palabra?, decía en su opúsculo Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Y continuaba:

La reproducción en sonidos articulados de un estímulo nervioso. Pero partiendo del estímulo nervioso inferir además una causa existente fuera de nosotros, es ya el resultado de un uso falso e injustificado del principio de razón. ¡Cómo podríamos decir legítimamente, si la verdad estuviese solamente determinada por la génesis del lenguaje, y si el punto de vista de la certeza fuese también lo único decisivo respecto a las designaciones, cómo, no obstante, podríamos decir legítimamente: la piedra es dura, como si además captásemos lo duro de otra manera y no únicamente como excitación completamente subjetiva! Dividimos las cosas en géneros, designamos al árbol como masculino y a la planta como femenino: ¡qué extrapolaciones tan arbitrarias! ¡A qué altura volamos por encima del canon de la certeza! Hablamos de una serpiente: la designación alude solamente al hecho de retorcerse, podría, por tanto, atribuírsele también al gusano. ¡Qué arbitrariedad en las delimitaciones! ¡Qué parcialidad en las preferencias, unas veces de una propiedad de una cosa, otras veces de otra! Los diferentes idiomas, reunidos y comparados unos a otros, muestran que con las palabras no se llega jamás a la verdad ni a una expresión adecuada, pues, de lo contrario, no habría tantos. La cosa en si (esto sería justamente la verdad pura y sin consecuencias) es también totalmente inaprehensible y en absoluto deseable para el creador del lenguaje. Éste se limita a designar las relaciones de las cosas con respecto a los hombres y para expresarlas recurre a las metáforas más atrevidas. ¡En primer lugar, un estímulo nervioso extrapolado en una imagen!, primera metáfora. ¡La imagen, transformada de nuevo, en un sonido articulado!, segunda metáfora. Y, en cada caso, un salto total desde una esfera a otra completamente distinta y nueva. Podríamos imaginarnos un hombre que fuese completamente sordo y que jamás hubiese tenido ninguna sensación del sonido ni de la música; del mismo modo que un hombre de estas características mira con asombro las figuras acústicas de Chladni ni en la arena, descubre su causa en las vibraciones de la cuerda y jurará entonces, que, desde ese momento en adelante no puede ignorar lo que los hombres llaman sonido, así nos sucede a todos nosotros con el lenguaje. Creemos saber algo de las cosas mismas cuando hablamos de árboles, colores, nieve y flores y no poseemos, sin embargo, más que metáforas de las cosas, que no corresponden en absoluto a las esencias primitivas. Del mismo modo que el sonido toma el aspecto de figura de arena, así la enigmática X de la cosa en sí se presenta, en principio, como excitación nerviosa, luego como imagen, finalmente como sonido articulado. En cualquier caso, por tanto, el origen del lenguaje no sigue un proceso lógico, y todo el material sobre el que, y a partir del cual, trabaja y construye, el hombre de la verdad, el investigador, el filósofo, si no procede de las nubes, tampoco procede, en ningún caso, de la esencia de las cosas.

¿Qué me queda, pues, para expresar lo que quiero decir hoy en esta entrada a pesar de lo anterior? La palabra. ¿Qué sería de nosotros sin ella? Sólo ella, a pesar de su insustancial esencia,  ha sido y es capaz de nombrar desde los alejados astros hasta el universo por entero. Y con ella hablo y escribo  hoy, día 6 de enero, día de los niños por excelencia, a quienes regalamos para celebrar en y con ellos  lo mismo que con el sol representado mediante el Niñito Jesús en Nochebuena: la epifanía o manifestación de lo que nace y crece en el eterno retorno de la existencia. Aunque, como decía Demócrito, nada existe excepto átomos y espacio vacío. Todo lo demás, opinión.

Por cierto, pensado, dicho y formulado por el filósofo de Abdera también  mediante la palabra

 Anne Sophie Mutter, Cuatro Estaciones: Invierno, Vivaldi

Budismo occidental

zen

No voy a enunciar nada que filósofos y pensadores no hayan proferido antes.  Pero me apetece  comentar el  fenómeno expansivo en occidente de técnicas de meditación y aceptación/sumisión llegadas de oriente. Y lo hago para mostrar discordancia. Voces a favor hay muchas. La mía también lo fue tiempo atrás.

Que el yoga como ejercicio corporal es saludable, no  cabe duda. Como cualquier otra disciplina que dote de elasticidad al cuerpo y haga segregar endorfinas.  Que favorece el autodominio, ciertamente.  También lo consigue, ejemplificando,  una primera bailarina de ballet sometida voluntariamente a férrea disciplina.  Que produce cambios en el hipocampo y en la amígdala, por supuesto. Igual que se observa en el cerebro de un taxista que conduce continuamente por una gran ciudad  del mundo. O en cualquier actividad que genere repetidamente nuevas sinapsis. Que el silencio y la calma son beneficiosos, lo corroboro. Pero que  haya defensores de corrientes yóguico-meditativas  entre nosotros que  se proclamen profetas, maestros o enviados de la Palabra… Radicalmente no. No hay que acudir a oriente para importar teología conceptual, abstracciones o creencias que no hayan sido manifiestamente manipuladas y extendidas desde hace 2.000 años por el cristianismo. Por cierto, fundado y difundido por el de  Tarso, gentil helenizado de sólida y orientalizada formación cultural.

La incoherencia latente  en la transformación paulina de Jesús en Cristo (Jesús invita a Judas -el gran perdedor de la historia- a que lo traicione para que se cumpla la palabra del Padre, que es Él mismo:  una traición noble, diría Nietzsche) es secundada, mutatis mutandis,  por la proclamación de paz y renuncia material del budismo en general. Dos ejemplos ilustrativos: Paramahansa Yogananda (avispado introductor del yoga en los años 20 en EEUU) o D.T. Suzuki  (gurú del zen en la década de los 6o). Ambos pontificando sobre cómo alcanzar el nirvana: apegado al poder burgués el primero (por mandato  de la divinidad);  y defensor de la expansión militarista en Japón (década de los 30) el segundo. Por no hablar del inventor del Reiki, Mikao Usui, digno de estudio aparte.  Su técnica curativa  (imposición de manos) se suma a las anteriores para convertirse en sincrética piedra angular de una nueva religiosidad que pretende cambiarlo todo para que nada cambie. Fórmula harto conocida a lo largo de la historia de la humanidad.

La finalidad del  fenómeno corporativo pop-cultural de consumo mundial (para iluminación instantánea)  formado por zen-yoga-meditación-reiki (etc.), por así decirlo, no es otra que obtener la subordinación del sujeto practicante a la maquinaria social imperante: todo es perfecto; no juzgues,  no pienses,  acepta…  La unidad zen entre la vida y la muerte es total: la liberación consiste en dejar atrás el Sí mismo e inmediatamente unirse a la Nada primordial.  Buena manera de anular lo volitivo del sujeto y crearle expectativas de que puede comprenderlo todo con ayuda de lo que no comprende.

¿Cómo,  si lo que se busca es la Nada, reinventarse mediante estas técnicas y crear una nueva colectividad?

Lo mismo que el Reino anunciado por Pablo de Tarso nunca llegó, tampoco aparecerá la Iluminación transformadora de la humanidad por mucho que se practiquen estas nuevas técnicas de ilusión consumista. En caso de duda, ahí están los países de procedencia.

P.S.: Para otro día, el trato discriminatorio a las mujeres  y la explotación económica de recursos por parte de la filosofía budista.

FiloCaracol

caracol

Imagen: Mascotas FiloSlow, Ana M. Moreno

Desde tiempo inmemorial, todas las religiones  intentan prescribir normas de convivencia. Esto explica, por ejemplo,  que ya en Éxodo 20:8-11 se predique que, tras seis días de actividad,  se celebre uno dedicado al reposo.

Más adelante, en el 200 a.C., Plauto dejaba escrito el siguiente lamento: ¡Los dioses confundan al primer hombre que descubrió la manera de ditinguir las horas, y confundan también a  quien en este lugar colocó un reloj de sol para cortar y destrozar tan horriblemente mis días en fragmentos pequeños! Lo que no imaginaba el dramaturgo romano era que, muchos siglos más tarde,   la irrupción de la Revolución Industrial introduciría una modificación tiránica en la  percepción del curso del tiempo: se cambió el ritmo del sol (no exento de abusos) por el del productivo reloj.

Pero desde hace algún tiempo se viene observando  un reconfortante maridaje  entre el  elogio del tiempo lento, el momento del disfrute, el asombro ante el detalle nimio, y la humanidad tecnificada. Dicho lo último sin anatema para los avances tecnocientíficos, que tanto ayudan  en todos los campos.

Decía el poeta Juan Ramón Jiménez:  No corras, ve despacio… 

Y en el mismo sentido,  Fernando Pessoa, su coetáneo luso: Despacio, porque no sé a dónde quiero ir

Este movimiento de elogio por lo realizado con la conciencia  del caracol se contrapone a lo implantado por la postmodernidad en el ámbito público, privado, de trabajo o de ocio. Para designar las consecuencias de esta  carrera sin límite, los japoneses han acuñado el término karoshi, o  muerte por exceso de trabajo.

Pero qué hacer para que la palabra lento se libere del sentido peyorativo con el que ha sido designada fundamentalmente en los últimos 200 años y la humanidad descargue de sus hombros  la Guerra del tiempo (J. Rifkin).

Según señalan los expertos, se ha comprobado que reducir la velocidad de la mente redunda en  una mejor salud; Kundera la llamaría la sabiduría de la lentitud. Se sabe que el ser humano es más creativo cuando se libera de la presión del tiempo y alcanza el sosiego mental.

Por si algún lector se detuviera a leerme, lanzo una pregunta.

¿Hay algo más hermoso que perder el tiempo sin afanes de productividad?

No es baladí lo postulado; es lo que siempre han hecho las clases ociosas viajes, juegos, relaciones sociales, deportes, aficiones… Para las que  existe un tiempo  de aprovechamiento  que conjuga  el equilibrio  entre lo rápido y lo pausado.

Acudiendo a Aristóteles, y dicho en  en román paladino, cubiertas las necesidades básicas, el ser humano es feliz haciendo aquello que le plazca hacer.

Quien pueda hacerlo es otro tema. Claro.

 Slowly (Lento), Luis Eduardo Aute

Big-Bang/Génesis en 7 pasos miméticos

creacion-del-mundo-dos-manos-que-se-tocan

Declaración de principios: no defiendo ninguna teoría.

Ni creacionista ni evolucionista.

Si  alguien  me  lee,  podría  objetarme  que  la segunda aporta pruebas.  Y  yo me  pregunto:  -¿cuáles  que no sean figurativas?  Y  me  responderéis: -las  de  la  recreación  del  momento  inicial  y  más.  Y  yo  contesto: -realizadas según cálculos humanos (no puede ser de otra forma). Que yo sepa, hasta ahora, ningún científico  ha podido explicar cómo es eso de que  la no nada en un no punto, no espacio, no tiempo  produjo una explosión y …

¡Zas!

Lo posterior hasta hoy, cuestión de paciencia.

¡Será por tiempo!

Si alguien sabe de alguno que  conozca a quien sepa el verdadero principio del origen original,  que me remita bibliografía, por favor. El que la hipótesis Big-Bang esté aceptada por la comunidad científica no significa que sea la verdad. Cuántas verdades han sido refutadas con el tiempo. Ésta también lo será. Porque explicar, explicar, lo que se dice explicar…, explica. Sí. Y también se enreda. Mucho. Pero lo esencial (¿qué es la vida?) sigue sin abrirse al conocimiento.

Bueno, a lo que voy.

Coincidencias en hipótesis Big-Bang/Génesis en 7 pasos:

BIG-BANG        (evoluciones)                                   GÉNESIS                                                                                           

1.Cósmica: De la nada emerge la materia.  1. De la nada surge la luz.

2.Estelar: Formación de las estrellas.           2.Separación aguas/firmamento.

3.Química: Evolución  microestructuras.    3.Formación de tierra/vegetación.

4.Planetaria: Formación  soles-planetas.   4.Nacimiento  sol-lumbreras.

5.Orgánica: Primeros organismos                 5.Aparecen seres marinos y aves.

6.Macro: Modif. de animales y especies.     6.Surgen los demás seres vivos.

                                                            7. Obra completada.

PREGUNTAS:

1. ¿Cómo se conocían estos principios para recopilarlos en la Biblia?

2. ¿Se refiere al átomo cuando en Hebreos 11:3 se lee:  lo que se ve tiene su origen en lo que no se ve?

3. ¿Acaso la ley de la entropía (desgaste, degeneración, disminución) no se contradice con la de que todo se adapta y mejora con la evolución?

Sigo sin entender nada.

De fractales y holografía

 

nenufrac

Para pensar…

Sabido es  que el 98% de la biomasa de nuestro planeta está formado por plantas. Y que las plantas vivieron y pueden vivir  sin nosotros. Al contrario, imposible. En este sentido, y en contra de  creencias arraigadas, Stefano Mancuso, autoridad en neurobiología vegetal y autor de Sensibilidad e Inteligencia en el Mundo Vegetal, señala que las plantas, los vegetales (a pesar de utilizarse peyorativamente el término para significar insensibilidad), poseen esquemas comunicativos complejos (señales eléctricas, hidráulicas y químicas); manejan lenguaje propio (moléculas  volátiles, contactos mediante la raíz, desarrollo de filias y fobias); preservan el patrimonio genético (comparten, se defiende, gestionan el territorio); interaccionan con otros animales ( ofrecen polen, engañan, devoran presas, enraízan de forma agresiva). Al hilo de lo leído, cabe preguntarse si pudieron las plantas domesticar a Homo sapiens y no al contrario, como propone Y. Harari en De animales a Dioses: inteligencia y comunicación, propiedades inherentes a toda vida, no sólo a la humana.

Sí, lector,  reconocer si la  inteligencia de las plantas puede  gestionar  propósitos a su favor. Nada extraño si se tiene en cuenta que todo en el universo forma parte del mismo ‘campo’ de partículas,  traducido a nuestros sentidos bajo un  patrón de autosemejanza fractal geométrica y holográfica.

Esta geometría fractal, íntimamente relacionada con la holografía,  y más comprensible para los humanos que la euclídea, fue desarrollada por el matemático B. Mandelbrot  partiendo de los conjuntos del francés G.  Julia.

Coetáneos de Mandelbrot en dar a conocer sus propias teorías fueron el físico D. Gabor  (relevante, igualmente,  en el campo de teoría de la comunicación), el neurólogo K. Pribram y el también físico D. Bohm. El primero de ellos, Gabor,  concibió la idea de la teoría holográfica basándose en la monada de Leibniz (idea de átomo como ente metafísico). Su reconocimiento llegó en forma de Premio Nobel (1971) cuando la  luz láser pudo leer y recuperar el patrón tridimensional existente en la película fotosensible: la placa del holograma, representación de un objeto desde todas sus perspectivas, reproduce la totalidad en cada una de sus posibles divisiones.

K. Pribran, por su parte, aportó una teoría sobre el funcionamiento del cerebro como holograma  basándose en los principios matemáticos de la física cuántica y las características de patrones de onda. Sin estar ambos en contacto, D. Bohm, colaborador de Einstein,  también concluyó  su teoría  del universo como holograma: lo que percibimos del mundo responde sólo al orden explicado, lo no desplegado. Escondida queda al conocimiento sensitivo humano la matriz de orden implicado; teoría coincidente con lo expresado por Nietzsche en Sobre Verdad y mentira cuando argumenta que los humanos no podemos alcanzar la ‘verdad’ por nuestro sentidos; razón por la que  sólo atendemos a lo pequeño de nuestras vidas…

De ‘lo asado’ al… ‘chismorreo’ fundacional

Defiende el profesor R. Wrangham que aprender a cocinar nos hizo humanos.

Nada novedoso si se conoce la visión zoológica general de Desmond Morris: patrones hipotéticos formulados por etógolos, antropólogos, mitólogos… Interesante, pero hipótesis. A pesar de esta consideración, la luminosa noción implícita en el campo semántico establecido entre lo crudo (lo asado), lo cocido y lo podrido la hace atractiva para establecer un debate.

Sobre la trascendencia social de lo enunciado se pronunciaron, entre otros, Aristóteles o el estructuralista Lévi-Strauss (de discutida teoría). Coincidentes ambos en señalar que lo cocido expresa un organizado desarrollo cultural (necesidad de recipientes elaborados) y el resto responde a patrones de la naturaleza. En contrario, las teorías que ya atisban en lo asado la esencia de lo que el devenir nominará ágape: tras la caza, Homo sapiens carga de humanidad consciente el acto al comunicarlo, modificarlo con el fuego, compartirlo y degustarlo en comunidad. Tampoco es cuestión baladí el proceso bioquímico que se autoproporciona el humano al cocinar (sea asado o cocido) su propia actividad celular:  también somos lo que comemos; tesis  igualmente defendida por el antropólogo  Wrangham.

Imaginemos al grupo sapiens sentado junto al fuego, al caer la tarde, compartiendo alimento e información sobre su mundo conocido: qué gran paso. Chismorreando, como señala Y.N. Harari, para protegerse de peligros, realizar alianzas cooperativas y, por extensión, asentar, colectivamente, el lenguaje de lo imaginario: mitos, dioses, religiones...

En el Principio era el Verbo…

Reunidos en torno a relatos sobre los enigmas de la existencia, de ellos mismos y de la bóveda celeste que contemplaban con asombro. Qué gozo para el espíritu cuando el arcano entre pensamiento, escritura y lectura develó su misterio y la mente humana acunó la palabra para que significara y perdurara a través de los siglos. Y eso seguimos haciendo al calor del grupo que comparte: dejar que la palabra  nos circunde, nos fortalezca, nos transmute, nos eleve…  Declaraciones del ser, en el sentido mitológico campbelliano.

Apasionantes mimbres, en fin, que comenzaron a dar forma al gran cesto que hoy nos acoge.